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La muerte del cuerpo es un paso misterioso. Jesús nos enseña que este paso lo debemos afrontar con esperanza. El Señor se muestra a todo el que le busca y, cuando se le encuentra y a medida que se le trata te va mostrando el sentido de la muerte, del dolor y en definitiva a todas las cosas de este mundo que no comprendemos. Piensa que fue a la muerte manso como un cordero, ¡¡y a una muerte de cruz!!. Los cristianos, como Jesús, también tenemos repugnancia natural al dolor y a la muerte, pero simplemente le vemos sentido en Cristo. La celebración de los santos suele coincidir con el día de su muerte, que es en realidad la fecha de nacimiento a la VIDA que Jesús nos ganó en la cruz.
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