¿Cuantas veces nos hemos detenido a meditar sobre lo que significa poder rascarnos la nariz? Un acto tan simple, tan insignificante que lo hacemos de forma inconsciente...
El 14 de octubre del ano 2006, terminando mis estudios de Doctorado en Medicina, un día cualquiera desperté, con gran preocupación note que tenia dificultad en ponerme en pie, quise ayudarme con los brazos pero había perdido mis fuerzas, mi familia me llevo al hospital y se me diagnostico Síndrome de Guillain-Barre; una enfermedad del sistema nervioso, que causa parálisis, la cual puede progresar hasta paralizar todos los músculos del cuerpo, incluyendo la respiración. Cuantas veces durante las rondas en el hospital donde hacia mis prácticasvi pacientes con cuadros similares, sin pensar si quiera en que un día podría yo ser el paciente. Fue una noticia muy dura para mis padres, mi familia y amigos; me encontraba preparando mi examen privado de psiquiatría, finalizando mí internado de medicina, tendría que ser ingresado e iniciar el tratamiento de inmediato. El neurólogo que me atendió fue mi profesor en la universidad, hablo con mis padres, les explico la seriedad de la enfermedad; el medicamento (Inmunoglobulina) que me pondrían tenia un costo de US$400 el frasco, el cual no poseen los hospitales públicos del país.
Momentos duros... En mi familia no somos ricos, mi padre es odontólogo y mi madre maestra de secundaria, viven en un pueblo al oriente del país, sin embargo siempre hemos salido adelante, con la ayuda de Dios; yo me había trasladado a la capital con mis hermanos, para realizar mis estudios, antes me otorgaron una beca universitaria, la cual incluía un pequeño seguro medico, que nunca había utilizado, con esto iniciamos el tratamiento, cada día se me ponían 5 frascos, se me sometió a exámenes diagnósticos muy dolorosos como punción lumbar, toma de gases arteriales y tantos otros que a diario miraba con indiferencia en mis practicas hospitalarias. Al quinto día de estar ingresado no podía mover ni un dedo, no podía voltearme; por lo que las enfermeras me realizaban todas aquellas actividades que para nosotros son tan elementales como: bañarse, comer, asearse después de defecar... mi capacidad respiratoria había disminuido, me cansaba hablar, masticar e incluso tragar, el neumólogo me evaluó y nos dijo que si durante la noche empeoraba seria necesario entubarme y ponerme a un respirador artificial. Fue ha visitarme un amigo, Don Marcos, un sacerdote del Opus Dei, donde había estado recibiendo medios de formación espiritual, me confesé, recibí la comunión y durante la noche mis padres y yo oramos a Dios por mi recuperación; en la mañana amanecí mejor mi respiración se había estabilizado y no hubo necesidad de entubarme, desde entonces poco a poco empecé a mejorar.
Llueve sobre mojado... En nuestra vida pasamos muchos momentos difíciles, y cuando parece que todo va mejorando se empeora; al séptimo día el hospital nos comunica que el seguro medico ha sido agotado y que no logra cubrir todos los gastos; yo hable con mis padres y les dije que no se preocuparan que Dios iba a proveer, y que si era necesario me trasladaran a un hospital publico; sin embargo la situación política que se vivía en El Salvador no era muy alentadora, esa semana los empleados del seguro social se habían ido a huelga exigiendo mejoras salariales.
Dios nunca nos desampara... es Dios quien mueve los corazones de los hombres y se manifiesta en la solidaridad de la que fuimos testigos, sin nosotros pedirlo, diariamente llegaban familiares y amigos a visitarme, yo no los podía recibir porque mi estado era delicado; pero se me hacia saber, se acercaban a mis padres y me dejaban regalos o ayuda económica, amigos en el extranjero me enviaron dinero; mis compañeros de la universidad organizaron una pequeña conferencia para recaudar fondos para ayudarme, las personas de mi pueblo natal se organizaron e hicieron actividades y colectas para ayudarme. Fue así que experimente el amor de Dios a través de ellos y pudimos salir de esta dificultad, sin embargo no quería cargar mas a mis padres, por lo que les insistí en que me trasladaran al hospital publico, confiando en la misericordia de Dios me trasladaron al octavo día, lo critico había pasado, pero fui llevado moviendo únicamente la cabeza, me ingresaron en cuidados especiales junto a otros 6 pacientes delicados, esa noche fue muy dura me pusieron mi pañal desechable, no había ropa hospitalaria por la huelga de los empleados así que dormí con una bata gastada, un paciente se complico y el ruido de médicos y enfermeras que llegaron no me dejo dormir, al final falleció y continué la noche con el cadáver junto a mi. Sentía gran calor en mi espalda, me había orinado y me picaba la nariz sin yo poder moverme; así trascurrieron los días, solo las visitas de mis padres, familiares y amigos infundían en mi confianza en Dios que iba salir adelante. Terminando la tercera semana de mi ingreso me tenían que transferir a otro hospital publico para recibir fisioterapia mas apropiada, pero continuaba la huelga y no sabían si me recibirían, nuevamente la mano de Dios estaba presente, me refieren y fui recibido un miércoles por la tarde, el jueves realizan la tercera negociación con los trabajadores y terminan la huelga.
La misericordia de Dios no se hace esperar… Durante el tiempo que estuve ingresado siempre Dios estuvo a mi lado, todos los domingos sin yo esperarlo llegaba en la eucaristía, el primer domingo por medio de mi hermano, curiosamente cuando éste fue a comulgar recibió dos hostias pegadas y siente un llamado que le dice: “Llévasela a tu hermano”, así fui visitado cada domingo por un sacerdote o delegado que pasaba por el hospital. Antes de enfermarme en las reuniones de los medios de formación cristiana a los que asistía, nos hablaban del rezo diario del Santo Rosario, lo cual para mi era tedioso; sin embargo ha sido lo que me llenaba de paz durante las largas horas del hospital, y así continuo haciéndolo. Con la universidad no hubo problemas, realice el examen privado de psiquiatría un mes después, diferido, todavía no podía escribir y así obtuve la mejor calificación de mi grupo, las autoridades de la facultad de medicina acordaron darme la oportunidad de concluir mi ultima materia a distancia, desde el hospital, y así egrese de mis estudios. La salud es el mejor regalo de Dios, podemos ser brillantes, o tener muchos dinero o poder, pero si perdemos este maravilloso don, si perdemos la capacidad de movermos poco podremos hacer. Gracias a su amor he salido de esta prueba, todavía continuo mi fisioterapia, pero con la confianza y el gozo de que Dios esta con nosotros, solo es necesario abrirle las puertas de nuestro corazón para que el haga la obra.