Hola soy Noe y tenía ganas ya de poder escribir un artículo en el cual contara la maravilla que he sentido y me queda por sentir al salir a predicar el Evangelio.
Nos animaron en mi parroquia "Nuestra Señora de la Valvanera", a salir por las calles y decir a todo el que nos encontráramos que Dios le queria, etc...
¡No nos lo podiamos creer!
-El primer Domingo:me tiritaban las piernas había que salir en parejas(h+h;m+m), que con anterioridad estaban elegidas a sorteo.
Sin miedo cogimos mi pareja y yo y nos pusimos a predicar por todos los sitios.Te encontrabas gente de todo tipo: unos,al recibir esa Palabra, lloraban y, otros, nada más que les decíamos que éramos Cristianos te miraban e insultaban con desprecio.
Al llegar de vuelta a la Parroquia todas las parejas contaban su experiencia que la verdad es que había algunas preciosas.
-El segundo domingo me tocó con un chiquito joven más o menos de mi edad y decidimos ir a un barrio joven, con tan mala suerte que caímos en un poblado de gente pobre. Recibimos insultos, la gente nos tomaba por acosadores, pero otros nos escuchaban y les llego mucho la buena noticia de que Dios les quería. LLamamos a un timbre y lo que nos pasó fue alucinante; nos abrió la puerta un compañero de mi clase; ¿qué casualidad?-¡NO!; fue un milagro de Dios que nos llevara a ese barrio a ese edificio y justo a esa casa; fue increible. Empezó hablando el otro chico ya que a mi me tiritaba la voz, y más tarde continué yo. Él no se lo creía pero al final nos lo agradeció.
-El tercer domingo otra casualidad, jajajaja, me tocó con el mismo chico con el que ya habíamos pensado por si acaso como entrar a la gente. Fuimos a un parque de Madrid donde los domingos suelen reunirse gente joven, parecía que la experiencia de salir los domingos se notaba, pero los nervios continuaban. Paramos a tres parejas de jóvenes: dos nos escucharon y la tercera nos insultaron y nos miraron con desprecio, las parejas de jóvenes, aparte de quedarse impactadas con nuestras historias, sobre todo les impactaba que fueramos jóvenes los que predicáramos; esto, nos lo agradecieron y decían que no se iban a olvidar de esta Palabra. ¡INCREIBLE!
Por esto desde aquí os animo a que no tengáis miedo a hacer esto porque, poniéndose en manos del Señor, uno se da cuenta de que a lo mejor el otro se ríe o no le sirve de nada en apariencia, pero al que de verdad le ayuda esto es a uno mismo.
Espero poder contaros los dos últimos días que me quedan por hacer esto: es increible que Dios nos haya cogido para decir una cosa tan importante.
Ánimo que esto promete.
UN ABRAZO MUY FUERTE DE:
NOE ALCAZAR SASTRE